
El LDL no es simplemente una partícula «mala», sino un componente dinámico del sistema de defensa y reparación que responde a las necesidades del medio ambiente y del estado metabólico del individuo.

Más allá de su función tradicional como transportador de grasas (lípidos) para la síntesis de hormonas, vitamina D y membranas celulares, el colesterol LDL cumple roles biológicos:
- La molécula de LDL actúa como un antioxidante circulante. Contiene una proteína muy grande llamada Apo B, la cual funciona como un «velcro» que captura y acepta los radicales libres que circulan en la sangre. Al hacerlo, el LDL se «sacrifica»: neutraliza el radical libre a costa de modificar su propia estructura, evitando que estos dañen el ADN o las proteínas de las células.
- Los niveles de LDL suben de forma natural y necesaria durante el embarazo (donde pueden duplicarse o triplicarse) y la lactancia (donde pueden multiplicarse por cinco). En el lactante, este aumento es crucial para proteger el desarrollo del sistema nervioso y los tejidos frente al daño oxidativo.
- El cuerpo posee un sistema (que involucra la proteína PCSK9) capaz de elevar el LDL de manera predictiva ante estresores como infecciones crónicas (sepsis), tabaquismo o contaminación. En estos casos, el aumento de LDL funciona como una respuesta del sistema inmune para aumentar la disponibilidad de este «antioxidante» ante el exceso de radicales libres generados por la enfermedad o el entorno.
Podemos imaginar al LDL como un escuadrón de limpieza que patrulla las calles de una ciudad (nuestras arterias). Su trabajo no es solo repartir suministros (grasas), sino también recoger la basura peligrosa (radicales libres). Al recoger esa basura, los trabajadores se ensucian (se oxidan), pero al hacerlo evitan que los desperdicios dañen los edificios y las calles de la ciudad. Sin embargo, si hay demasiada basura acumulada durante demasiado tiempo, el escuadrón se ve desbordado y la propia limpieza empieza a causar problemas en el tráfico.
En un estado de salud, el LDL modificado viaja por el centro del vaso sanguíneo porque su carga eléctrica negativa es repelida por el glucocálix (la capa protectora de las arterias),. Sin embargo, cuando el estrés oxidativo es constante, el propio glucocálix se destruye. Sin esta barrera defensiva, el LDL modificado logra aproximarse y penetrar en la pared arterial. Este proceso de acumulación de macrófagos cargados de LDL en la pared arterial es lo que da origen a la placa de ateroma o aterosclerosis.
En salud, lo que suele ser dañino no es un pico puntual de una variable, sino su elevación constante en el tiempo. Un nivel de LDL o una presión arterial que no baja cuando el estresor desaparece es lo que indica un problema metabólico.
A diferencia del deportista, cuyo nivel de oxidación es un pico puntual que luego baja, una persona sedentaria o con síndrome metabólico sufre un estrés oxidativo sostenido en el tiempo.
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